lunes 11 de abril de 2011

Diario [incompleto] de viaje – 3/01/2011

Tal vez por cuestiones relacionadas con mis estudios a veces me veo obligado a fundamentar mis acciones; si es obligación es una neurosis o esas fundamentaciones son justificaciones es una cuestión sobre la que nos podríamos detener mucho tiempo. Tanto, que tal vez no podría llegar al comienzo de lo que realmente quiero escribir. Por lo demás, este escrito viene a cuenta de la intención de seguir una larga tradición de diarios de viaje. También, más allá de la referencia algo pomposa a la “tradición”, me pareció interesante emular aquello que hacen esos casuales onironautas que, buscando retener lo experimentado en el sueño, escriben esas vivencias con torpeza y rapidez inmediatamente luego de despertarse. Quizás la vida merezca el mismo trato. Tal vez no sea más que la sucesión de experiencias interrumpidas por constantes despertares en la que compete hacer una especie de registro.

O, quizás, esto es todo producto de un impulso.

-.-

El sur, como todos los lugares, está sujeto a un conjunto de ideas que lo determinan. En el caso de Ushuaia, ciudad que da comienzo al viaje, estas ideas están asociadas a una noción general de inhospitalidad. Las costas del canal de Beagle son, a los ojos de la gente, el final del país. Un final que está repleto de las dificultades propias de las historias de aventuras exploratorias: picos nevados en enero, días extremadamente largos, temperaturas que bien podrían ser las de invierno en otras provincias. Al mismo tiempo, en la actualidad, estas características que bien podrían significar la muerte están interpretadas por la industria turística.

Todo en Ushuaia es DFM: “del fin del mundo”. Este es el nombre que adoptan muchos de los negocios de la ciudad, tratando de lograr mantener, de alguna forma, la idea de que se encuentran en un punto donde nuestra supervivencia está a la merced de los elementos.


[y después me colgué]

martes 15 de marzo de 2011

Hace un tiempo escribí sobre twitter. Fue una de las últimas cosas coherentes que dije acá. Ahora tengo twitter en una pestaña del firefox todo el tiempo, inclusive si estoy haciendo algo para la facultad. Volví a leer lo escrito para ver si me había vendido al sistema-twitter, si soy un careta, un panqueque. Creo que no, pero no estoy seguro:

Billy dice:
llegué a mi colmo en twitter
preguntarle al chavo fuchs qué música le gusta
Vlt. dice:
ah jajajajajajajajajajajj
Billy dice:
porque bardeó a sabina y quiero comprendelo
Vlt. dice:
duriiisimo
cláa jaaja
Billy dice:
no putearlo como todo el mundo
Vlt. dice:
jojojojo
Billy dice:
porque... quién es el chavo fuchs para hablar mal de sabina?
o de música en general?

Igual como dijo un gran músico santafesino "sin contradicciones no hay progresos".. o algo así; no hay grandes músicos santafesinos.

martes 1 de marzo de 2011


Now I wish I could write you a melody so plain
That could hold you dear lady from going insane
That could ease you and cool you and cease the pain
Of your useless and pointless knowledge

miércoles 1 de diciembre de 2010

You've been with the professors
And they've all liked your looks
With great lawyers you have
Discussed lepers and crooks
You've been through all of
F. Scott Fitzgerald's books
You're very well read
It's well known

Because something is happening here
But you don't know what it is
Do you, Mister Jones?

(.)

domingo 28 de noviembre de 2010




I Am Jack's Smirking Revenge.

miércoles 27 de octubre de 2010


Yo quería que se presenten los dos como presidente y vice, en cualquier orden. Los iba a votar y me iba a bancar esa responsabilidad o lo que sea que se tiene que bancar uno cuando decide mostrar su apoyo mediante el voto. Venía pensando que tal vez la política sea como la fe y por eso siempre la esquive un poco. Porque, cuánto podes estar de acuerdo con alguien? Cuánto podes confiar? Cuántas veces podes escuchar algo malo y decidir ignorarlo? Política, fe, amor. Tal vez la vida sea más buena con esas cosas, aunque no cierren del todo. Me voy a acordar de este día toda mi vida.

martes 5 de octubre de 2010

Futbol III

Lamentablemente las gestas heroicas de ese equipo no fueron muchas. Al profesor de turno no le gustó lo que hacíamos. Creo que pensó que nos tomábamos su clase para la joda. No sé porque tuvo esa impresión, tal vez porque nos divertíamos. Tal vez nuestros vanos intentos por hilvanar una jugada decente eran tomados como un irónico comentario sobre su profesión. Ok, no todo era tan así, nosotros también la batíamos y muchos de esos intentos no eran decentes. El hecho concreto fue que el tipo decidió empezar las clases eligiendo y separando a los miembros del equipo para que sean ellos los que después tengan que elegir de entre los demás. Todo volvió a la normalidad. Terminada la secundaria el único deporte en equipos que se practicaba era el Counter Strike, a menudo a altas horas de la noche en cibers que pasadas las 23 se despedían de adolescentes y niños para dar la bienvenida a esos otros adolescentes y niños que fuman y van a la universidad. Es increíble la cantidad de cosas que no recuerdo, más que nada los primeros pasos que luego desencadenan las situaciones. Muchos años atrás –seis? siete?... ocho?- a alguien se le ocurrió organizar un partido de fútbol 5, eso pegó y ahora es un clásico de todas las semanas. No tengo una mejor forma de contarlo. Los primeros años de fútbol –todos los miércoles y de equipos fijos- fueron en “El campito”. El juego era muy trabado, casi todos estábamos descubriendo o redescubriendo el juego, viendo qué podíamos hacer y qué no. Yo corría mucho y defendía bien. Dicen que ahora ya no corro tanto y tampoco defiendo tan bien. Creo que es porque soy más viejo y porque ahora hago otras cosas. A veces no estoy seguro de qué son esas otras cosas, pero es claro que juego mejor que hace ocho años. Cada tanto fantaseo en jugar contra mis compañeros de secundaria, volver a armar ese equipo nefasto y ver qué pasa.

Un poco después de empezar a jugar semanalmente empecé a ver fútbol. Primero partidos de la Premier League, los domingos al medio día con resaca. Vi a Tevez jugar de ocho y a Mascherano sentado en el banco, a Heinze salir campeón jugando toda la temporada de tres, y a Cristiano Ronaldo ser el mejor del mundo –antes de vender shampoo-. A eso se le sumó la llegada del Winning Eleven que logró que para Alemania 2006 supiera los nombres de todos los jugadores. Pequeños detalles que hicieron que esas dos horas de televisión fueran mucho más entretenidas que las que recordaba en mi niñez. Luego llegó Ramón Díaz a San Lorenzo y yo predije un campeonato y una Libertadores de América. Acerté hasta la mitad. Para cuando vi esa definición por penales en Quito ya sabía más nombres de jugadores que de autores de filosofía. Creo que jugar el fútbol hizo que me interese en ver fútbol y ver fútbol hizo que juegue un poco mejor. Lo mejor que pude ver hasta ahora fue a Riquelme en la Libertadores 2007. Mucho se ha escrito sobre Román (click, click, click), para mi representa una manera especial de entender el fútbol. Si Dios no existe hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto: este ser es el Román-ahí. Arrojado en la cancha, sin nada en que sostenerse más que su propia voluntad. Riquelme entiende que un partido de fútbol no sólo es tal como los jugadores lo conciben, sino tal como ellos lo quieren. No es otra cosa que lo que los protagonistas hacen de él. Por eso baja hasta su área para recibir la pelota y hacerse responsable del evento. Eso es no tenerle miedo a la pelota. Así intento jugar al fútbol todas las semanas.

Con el tiempo llegué a la conclusión de que, en una escala de mayor a menor, primero está jugar al fútbol, después hablar de fútbol y por último ver fútbol. No sé en qué lugar está escribir sobre fútbol.

viernes 1 de octubre de 2010

Futbol II: miedo a la pelota

Los partidos de fútbol en la escuela primaria siguieron, hasta se armaron equipos fijos. Creando otra cosa típica del fútbol: la pertenecía a un grupo. En este caso la más pura de las pertenencias, sin nombre, sin bandera, sin barras (?). Éramos compañeros que jugaban juntos para ganar. En la escuela secundaria el fútbol fue más esquivo. Obviamente ya no jugábamos en los recreos. Mi actividad física se limitó a las horas de educación física, en donde muchas veces terminamos jugando al que considero el peor deporte del mundo: vóley. Jugando a eso no podes poner huevo, o por lo menos no se nota mucho. Durante la mayor parte del partido estás prácticamente quieto en un sector específico –que va cambiando- de alrededor de un metro de radio -ponele- del que sos responsable. Si la pelota cae ahí vos sos el encargado de pasarla para el otro lado, dársela a algún compañero, no sé, mejor que hagas algo porque es punto para los otros. Hacete cargo. De cualquier manera, jugáramos lo que jugáramos, las horas de gimnasia eran odiadas por la población nerd de la escuela –gente tímida, con problemas motrices o simplemente de otro palo-. Para mi era uno de los peores momentos de la mañana, compitiendo cabeza a cabeza con la hora de francés; y ni hablar cuando era a la tarde. Sin embargo algo diferente paso; y por ser diferente bordeó lo milagroso. Las clases de educación física eran casi siempre iguales, calentabas un rato, después se elegían más o menos cinco personas que luego elegían tipo “pan y queso” entre el resto para armar los equipos. Tan era el desprecio por la hora de gimnasia que tenía que, si llegaba a darse el caso de que yo sea elegido para esa tarea, el primero que pasaba a ser de mi equipo comenzaba a seleccionar por mí. Hasta que un día un nerd eligió a otro nerd, esos dos nerds eligieron a otro y así. No sé quien fue el primero en hacerse cargo de armar este equipo, sé que no fui yo. Los partidos de esos equipos eran horribles. Nos cagaban a palos, sea vóley, básquet o fútbol. Pero ahí todos éramos iguales, por lo menos en lo que respectaba a la habilidad deportiva. Nadie le tenía miedo a la pelota; y no digo a comerte un pelotazo en la cara, sino a pedirla, a mostrarse para recibir, a intentar algo con ella. Va a sonar cursi, pero ahí nos sentíamos bien. Por lo menos yo me sentía así, hacia más tolerable la hora de educación física. Dicen que ganamos un partido, yo recuerdo un festejo, pero creo que fue la vez que metimos un gol.

miércoles 29 de septiembre de 2010

Fútbol I: huevo

No sé bien cual fue el primer contacto que tuve con el deporte. No creo que encuentre el recuerdo de un momento específico –es como buscar el primer recuerdo de todos-, pero si trato de reconstruir el pasado racionalmente es fácil decir que fue en la escuela primaria. Por supuesto que tuve horas de educación física, pero si voy a hablar específicamente de fútbol tengo que decir que fue en los recreos y no con un profesor. A parte todos sabemos que pocos profesores de educación física te dejan jugar al fútbol. Sospecho que nunca sabremos por qué. Tampoco era fácil jugar en los recreos; las ‘señoritas’ no te dejaban y los chicos más grandes, generalmente unos hijos de puta que dominaban la escuela con puños de hierro, te sacaban la pelota porque si ellos no podían jugar nadie podía. Sin embargo cada tanto se jugaba, generalmente con una latita o una pelota hecha de papeles, esas bolsas de papitas o chizitos y cinta scotch. Mi relación con el fútbol empezó mal, desde la negación. Cuenta la leyenda que yo en esos primeros años de primaria tenía amigas mujeres, muchas. Eso me dijeron mis amigos después, en sexto o séptimo grado, que en los primeros años me veían desde el campo allá lejos, afuera, con las chicas. La verdad que no me acuerdo de esos días de gloria, hoy en día puedo contar a mis amigas con los dedos de una mano –o menos-; lo que recuerdo es que un día volví a casa muy contento porque había descubierto que si podía jugar. Lo único que tenía que hacer era no pedir la pelota, quedarme atrás y correr como loco a cualquiera que quisiera traerla cerca de mi arco. Listo, fácil, sin responsabilidad. Si me superaban bueno, que sé yo, había hecho lo mejor posible. Y como mis compañeros antes me veían al costado con las chicas, el hecho de que yo estuviera ahí, corriendo, era todavía más valorado. Antes era de Los Otros y ahora estaba junto con los demás, fallando en todos los aspectos del juego, pero poniendo Huevo. Esto es lo mínimo que se le pide a jugador, en todas partes del mundo. “El compromiso no se negocia”. Hice de esa mi ley, pero todavía no miraba fútbol, no conocía nombres de jugadores, no me importaba el mundial. Era tan ajeno a ese mundo que hasta el ruido de un relator me molestaba. Decía, para que no me jodan, que era de San Lorenzo y de Unión.

martes 31 de agosto de 2010

Me hizo acordar a Uruguay:

(dos puntos)