Diario [incompleto] de viaje – 3/01/2011
Tal vez por cuestiones relacionadas con mis estudios a veces me veo obligado a fundamentar mis acciones; si es obligación es una neurosis o esas fundamentaciones son justificaciones es una cuestión sobre la que nos podríamos detener mucho tiempo. Tanto, que tal vez no podría llegar al comienzo de lo que realmente quiero escribir. Por lo demás, este escrito viene a cuenta de la intención de seguir una larga tradición de diarios de viaje. También, más allá de la referencia algo pomposa a la “tradición”, me pareció interesante emular aquello que hacen esos casuales onironautas que, buscando retener lo experimentado en el sueño, escriben esas vivencias con torpeza y rapidez inmediatamente luego de despertarse. Quizás la vida merezca el mismo trato. Tal vez no sea más que la sucesión de experiencias interrumpidas por constantes despertares en la que compete hacer una especie de registro.
O, quizás, esto es todo producto de un impulso.
-.-
El sur, como todos los lugares, está sujeto a un conjunto de ideas que lo determinan. En el caso de Ushuaia, ciudad que da comienzo al viaje, estas ideas están asociadas a una noción general de inhospitalidad. Las costas del canal de Beagle son, a los ojos de la gente, el final del país. Un final que está repleto de las dificultades propias de las historias de aventuras exploratorias: picos nevados en enero, días extremadamente largos, temperaturas que bien podrían ser las de invierno en otras provincias. Al mismo tiempo, en la actualidad, estas características que bien podrían significar la muerte están interpretadas por la industria turística.
Todo en Ushuaia es DFM: “del fin del mundo”. Este es el nombre que adoptan muchos de los negocios de la ciudad, tratando de lograr mantener, de alguna forma, la idea de que se encuentran en un punto donde nuestra supervivencia está a la merced de los elementos.
[y después me colgué]



